Psicólogo en Elche. Los tipos de comunicación: pasiva, agresiva y asertiva

Cuando pensamos en la teoría cuántica, lo primero que suele venir a la mente es algo muy complejo y relacionado con la física. Pero, en términos sencillos, lo que nos dice esta teoría es que las partículas pueden existir en varios estados al mismo tiempo, hasta que son observadas. No es hasta ese momento que colapsan en una realidad definida. ¡Curioso, ¿verdad?! Ahora, imaginemos que la comunicación entre personas es algo similar: cuando enfrentamos una situación, tenemos múltiples formas de responder, pero sólo una se hará realidad en función de la elección que hagamos.

Vamos a aplicar esta idea a una relación bastante común: la de hijos adultos con padres mayores. Aquí es donde la teoría cuántica y la comunicación se encuentran. Esas múltiples posibilidades se manifiestan cuando elegimos cómo responder a nuestros padres en momentos complicados. Veamos qué sucede cuando nos encontramos en una situación familiar típica y las tres posibles respuestas que surgen de ella: la pasiva, la agresiva y la asertiva.

El escenario cuántico: Tres versiones de una hija adulta

Imaginemos a Marta, una mujer de 35 años con una carrera estable, que recibe una llamada de su madre. Ella, preocupada por la salud de su padre y ansiosa por pasar más tiempo con su hija, le dice:

«Marta, hace mucho que no vienes a vernos. Sabes que tu padre ya no está tan bien como antes. ¿Por qué no te quedas más días con nosotros esta vez?»

En este punto, la realidad de Marta se divide en tres posibilidades.

Opción 1: Marta pasiva – «Está bien, me quedo más tiempo»

En una de estas realidades, Marta responde con un tono suave:

«Tienes razón, mamá, debería quedarme más tiempo. No te preocupes, me quedo unos días más.»

Por dentro, sin embargo, siente una mezcla de frustración y agotamiento. Tiene mucho trabajo, compromisos pendientes y también tiempo que necesita para sí misma. Aunque ama a sus padres, siente que su vida se está descontrolando. No dice nada, pero en cada visita se siente más cansada y resentida, como si nunca fuera suficiente lo que hace.

Consecuencias: Marta cede constantemente, dejando a un lado sus propias necesidades por las de su madre. Aparentemente todo está en paz, pero esta comunicación pasiva genera un malestar que crece cada vez más. Los resentimientos no expresados empiezan a afectar la relación, porque, aunque Marta no lo diga, su actitud cambia poco a poco. En lugar de disfrutar el tiempo con sus padres, se siente atrapada en una obligación emocional.

Opción 2: Marta agresiva – «¡No puedo, tengo mi vida!»

En otra versión del universo, Marta responde de manera brusca:

«¡Mamá, no puedo estar todo el tiempo con vosotros! Tengo mi trabajo, mi vida, y no puedo dejarlo todo cada vez que lo pides.»

Su madre se queda en silencio, herida por la dureza de las palabras. Aunque Marta tiene razón en que tiene muchas responsabilidades, la forma en la que lo dice es cortante y genera una distancia emocional inmediata. Después de colgar, Marta se siente culpable, sabiendo que lastimó a su madre, aunque realmente necesitaba poner un límite.

Consecuencias: En este caso, Marta expresa sus límites, pero lo hace de manera agresiva. La comunicación agresiva puede parecer efectiva a corto plazo porque establece una barrera clara, pero el costo emocional es alto. Su madre se siente dolida y desconectada de su hija, y Marta se queda con una sensación de culpa y tensión. Las relaciones se ven dañadas cuando la agresividad sustituye la comprensión y el diálogo.

Opción 3: Marta asertiva – «Mamá, me encantaría, pero ahora no puedo»

En la tercera realidad, Marta toma un respiro antes de responder. Con un tono tranquilo y respetuoso, dice:

«Mamá, sé que te preocupa papá, y a mí también. Me encantaría quedarme más tiempo, pero en este momento no puedo. Lo que sí puedo hacer es organizarme mejor para venir más seguido, pero visitas más cortas. Así paso más tiempo con vosotros sin descuidar mis otras responsabilidades.»

Su madre, aunque tal vez un poco decepcionada, comprende la situación y agradece la honestidad de Marta. Ambas se sienten mejor al final de la conversación, porque han establecido expectativas claras y realistas.

Consecuencias: Aquí, Marta no ignora sus propias necesidades ni las de su madre. La asertividad le permite expresarse con claridad y empatía, sin ceder ni generar conflicto. Ambas partes sienten que han sido escuchadas, y la relación se mantiene saludable. La asertividad no significa ceder ni imponerse, sino encontrar un equilibrio donde ambas partes se sientan valoradas.

El arte de elegir tu realidad comunicativa

La teoría cuántica nos ayuda a visualizar que existen múltiples maneras de responder ante una situación difícil, especialmente en relaciones tan complejas como las de padres e hijos adultos. A veces, optamos por la comunicación pasiva, cediendo en silencio y acumulando frustración. Otras veces, la agresividad nos gana, y aunque conseguimos lo que queremos, lo hacemos a costa de herir a los demás. Pero la asertividad nos ofrece una tercera vía, donde podemos ser honestos y mantener el respeto mutuo.

Lo importante aquí no es ser perfecto. Es muy probable que a veces caigamos en la pasividad o en la agresividad. Pero cuanto más entrenamos la asertividad, más posibilidades tenemos de mantener relaciones sanas y equilibradas, incluso cuando la conversación sea incómoda.

Cómo elige tu comunicación la realidad que vives

Una vez que entendemos que nuestras respuestas pueden generar realidades distintas, es fácil ver cómo esto se aplica en muchas áreas de nuestra vida cotidiana. Las relaciones humanas —con padres, amigos, compañeros de trabajo, parejas o incluso extraños— se definen por la manera en que decidimos comunicarnos. En cada interacción, nuestras palabras pueden llevarnos por caminos de entendimiento, conflicto o resignación.

Veamos algunas situaciones cotidianas donde esas «realidades cuánticas» se despliegan y cómo nuestras elecciones de comunicación pueden cambiarlo todo.

Un multiverso de interacciones

El universo del compañero de trabajo insistente

Un compañero de trabajo te pide ayuda de último minuto justo cuando ya estabas listo para salir. El universo se despliega en tres posibles reacciones:

  • Pasivo: Aceptas sin pensarlo: “Claro, lo hago ahora.” Y mientras los demás se van a casa, tú sigues en la oficina, cansado y frustrado por no haber puesto un límite.
  • Agresivo: Respondes de mala gana: “¿Otra vez? ¡No soy tu niñero!” y te marchas dejando una nube de mal ambiente. Te sientes liberado, pero sabes que has roto una relación laboral valiosa.
  • Asertivo: Con tranquilidad, dices: “Hoy no puedo, pero mañana temprano puedo ayudarte a resolverlo.” Aquí logras defender tu tiempo sin causar fricción, manteniendo la relación laboral intacta.

El universo del vendedor insistente

Estás en una tienda, mirando ropa, cuando un vendedor se acerca ofreciéndote todo tipo de productos que no te interesan. Otra bifurcación cuántica se abre:

  • Pasivo: Finges interés y terminas comprando algo solo por no incomodar, aunque no lo necesitabas. Te vas pensando en el dinero que acabas de gastar sin razón.
  • Agresivo: Respondes secamente: “¡Déjame en paz, estoy mirando!” Sales rápido, sintiéndote molesto por la presión y generando una situación incómoda para ambos.
  • Asertivo: Sonríes y dices: “Gracias, pero solo estoy mirando. Si necesito ayuda, te lo haré saber.” El vendedor entiende y te deja tranquilo, sin presiones ni tensiones.

El universo de la pareja en casa

Tu pareja llega a casa después de un día complicado y lanza un comentario que te molesta: “¿Otra vez no has hecho la cena?” Y el tiempo parece detenerse:

  • Pasivo: Te disculpas sin motivo: «Tienes razón, lo siento«, aunque estabas cansado y habías tenido un día difícil. Aceptas la crítica sin discutir, pero por dentro te sientes menospreciado.
  • Agresivo: Saltas de inmediato: «¡Si quieres que esté hecha, hazla tú!» La tensión sube, y la noche termina con una discusión evitable.
  • Asertivo: Tomas aire y dices: “Sé que has tenido un mal día, pero ese comentario me molesta. ¿Podemos hablar de esto más tarde, cuando estemos más tranquilos?” Aquí proteges tus emociones sin encender el conflicto, creando una oportunidad para resolver la situación con calma.

El poder de elegir tu propia realidad

Cada interacción con los demás tiene un potencial cuántico: múltiples posibilidades que pueden llevar a resultados completamente diferentes según cómo elijamos responder. En el caso de Marta con su madre, su elección asertiva le permitió expresar sus límites sin dañar la relación. De igual forma, en el trabajo, en una tienda o en una discusión con la pareja, la asertividad crea un equilibrio donde podemos ser fieles a nuestras necesidades sin menospreciar a los demás.

No es fácil ser asertivos todo el tiempo. Habrá momentos en los que las emociones nos dominen, y nuestra realidad colapse en una respuesta pasiva o agresiva. Pero cuanto más practicamos la asertividad, más nos acercamos a vivir en un universo donde nuestras relaciones son más equilibradas y genuinas.

Como en el mundo cuántico, la observación y la elección son claves. En cada interacción difícil, piensa en qué realidad quieres crear: ¿la del conflicto, la del sacrificio silencioso, o la del entendimiento mutuo? Al final, la forma en que elegimos comunicarnos define el universo en el que vivimos.