Psicólogo en Elche. El efecto Pigmalión

Ana se detuvo frente al espejo una vez más. Desde que se había unido al equipo de ventas, había intentado dar lo mejor de sí, pero sentía que no lograba estar a la altura de las expectativas de sus compañeros. “No soy buena para esto”, pensaba a menudo, hasta que un día algo inesperado ocurrió.

Marcos, su supervisor, le pidió que se quedara después de la reunión semanal del equipo. Ana, nerviosa, pensó que venían malas noticias: tal vez no la veían capaz para el puesto. Sin embargo, lo que escuchó cambió el rumbo de su vida profesional.

“Veo algo en ti, Ana”

Con una sonrisa tranquila, Marcos comenzó: “Ana, creo que tienes un gran potencial. Tal vez no te has dado cuenta, pero he notado tu forma de comunicarte con los clientes y tu capacidad de organización. Honestamente, pienso que puedes convertirte en una de las mejores vendedoras de este equipo. Solo necesitas confiar en ti misma un poco más.”

Ana salió de la reunión confundida. Nadie le había dicho algo así antes. Hasta ese momento, ella misma se veía como una persona promedio, incapaz de destacar. Pero había algo en la seguridad de Marcos que le hizo cuestionarse. ¿De verdad veía en ella lo que nadie más había visto?

Días después, empezó a actuar diferente. Se animaba a intervenir más en las reuniones, a tomar iniciativas con los clientes y a esforzarse más. Curiosamente, el feedback que recibía empezó a mejorar. Sus compañeros comenzaron a reconocer sus ideas y hasta comentaban que estaba “creciendo rápidamente”. Ana, poco a poco, empezó a ver en sí misma lo que antes no veía: una persona capaz.

¿Qué pasó con Ana? El poder del Efecto Pigmalión

La transformación de Ana no fue un golpe de suerte ni algo fortuito. Lo que experimentó fue el Efecto Pigmalión, un fenómeno psicológico que se da cuando las expectativas que otros tienen sobre nosotros influyen en nuestro rendimiento y comportamiento. En otras palabras, las creencias y actitudes de Marcos hacia Ana hicieron que ella modificara su autopercepción y, por ende, su comportamiento.

Este efecto es una especie de profecía autocumplida: si alguien cree que somos capaces de algo, esa expectativa puede empujarnos a cumplirla. Pero, si creen que no podemos lograr algo, es probable que nos conformemos con menos.

Lo que dice la investigación sobre el Efecto Pigmalión

Este fenómeno se popularizó gracias a un experimento realizado por los psicólogos Robert Rosenthal y Lenore Jacobson en los años 60. En su estudio, se dijo a los profesores de una escuela que ciertos alumnos tenían un “potencial académico excepcional”, basándose en los resultados de un test. Lo que los profesores no sabían era que estos estudiantes habían sido seleccionados de manera aleatoria. Al final del año, esos mismos estudiantes mostraron un rendimiento superior al de sus compañeros. ¿Por qué? Porque las expectativas de los profesores habían afectado cómo los trataban: les daban más atención, les brindaban mejores oportunidades de aprendizaje y los desafiaban más. Las expectativas de los profesores habían moldeado el comportamiento y el rendimiento de los estudiantes.

¿El Efecto Pigmalión solo afecta el ámbito educativo?

Para nada. Como lo vimos en la historia de Ana, este fenómeno está presente en todos los aspectos de la vida, desde el trabajo hasta nuestras relaciones personales.

  1. En el lugar de trabajo: Un jefe que cree que un empleado tiene potencial es más probable que le asigne tareas más importantes, lo que lleva al empleado a esforzarse más y a crecer en su puesto. Por otro lado, un jefe que no cree en las capacidades de un empleado puede evitar darle oportunidades, limitando su crecimiento.
  2. En la familia: Los padres que tienen altas expectativas sobre sus hijos suelen fomentar su confianza y habilidades. Un niño que es tratado como alguien capaz de resolver problemas será más independiente y seguro de sí mismo, mientras que uno que es visto como «poco hábil» puede internalizar esa imagen y limitarse a cumplir con lo que se espera de él.
  3. En las relaciones de pareja: Si una persona cree que su pareja siempre fallará o no podrá cumplir con ciertas expectativas, es posible que actúe de manera crítica o controladora, lo que puede llevar a la pareja a cumplir esa expectativa negativa. En cambio, si se fomenta una actitud de apoyo y confianza, el otro puede crecer dentro de la relación.

El Efecto Pigmalión y la terapia cognitivo conductual

Desde el enfoque de la terapia cognitivo conductual (TCC), el Efecto Pigmalión puede ayudarnos a entender cómo las creencias, tanto propias como ajenas, impactan nuestro comportamiento. En TCC, trabajamos con la idea de que nuestros pensamientos influyen en nuestras emociones y acciones. Las expectativas, que no son más que pensamientos anticipatorios, funcionan de la misma manera.

Si logramos ser conscientes de las creencias que los demás tienen sobre nosotros, y, más importante aún, de las que tenemos sobre nosotros mismos, podemos empezar a reestructurarlas. Un terapeuta cognitivo conductual puede ayudar a las personas a identificar esas creencias limitantes y desarrollar nuevas formas de pensar más adaptativas y saludables.

En el caso de Ana, la expectativa positiva de su jefe la impulsó a cambiar sus creencias sobre sí misma, lo que generó un ciclo positivo de confianza y éxito. Si en lugar de ello, Ana hubiera recibido comentarios negativos, quizás su desempeño habría estado a la altura de esas expectativas negativas.

¿Cómo podemos usar el Efecto Pigmalión a nuestro favor?

El Efecto Pigmalión nos recuerda el enorme poder que tienen nuestras creencias sobre los demás y sobre nosotros mismos. Para aprovechar este fenómeno de manera positiva, aquí tienes algunos consejos:

  1. Sé consciente de tus expectativas hacia los demás: Tanto en el trabajo como en casa, las expectativas que tienes sobre las personas cercanas pueden influir en su rendimiento. Trata de fomentar un entorno de confianza, donde las personas sientan que pueden crecer.
  2.  Cuestiona tus propias creencias limitantes: Si te das cuenta de que estás siendo muy duro contigo mismo o sientes que no eres capaz de lograr algo, pregúntate: ¿es esta una creencia basada en hechos o en suposiciones? ¿Cómo puedo desafiar esta creencia?
  3. Refuerza las expectativas positivas en ti mismo: Aunque el Efecto Pigmalión suele referirse a la influencia de los demás sobre nosotros, también puedes ser tu propio «Pigmalión». Cree en tu capacidad de mejorar y alcanzar metas, y notarás cómo empiezas a comportarte de acuerdo con esas expectativas.

Reflexión final

El Efecto Pigmalión nos recuerda que nuestras creencias tienen un poder transformador. No solo afectan nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean. Si logramos ver el potencial en los demás y en nosotros mismos, estamos abriendo las puertas para que ese potencial se convierta en realidad. Tal como Ana descubrió su verdadera capacidad gracias a la creencia de su jefe, también nosotros podemos ayudar a que otros (y nosotros mismos) florezcan simplemente al esperar lo mejor.